LA ALEGRÍA PERONISTA

lunes, 6 de abril de 2015

GARANTIA DE CONTINUIDAD


http://www.infonews.com/2015/04/05/politica-192868-garantia-de-continuidad.php



El neo noventismo de Mauricio Macri y la retirada de Sergio Massa, frente a la lealtad de Daniel Scioli.

Hay algunos conceptos, expresiones, a los que los argentinos deberíamos ir acostumbrándonos. 
Son ideas fuerzas: “gradualidad”, “garantía de continuidad”, “etapa del desarrollo”, “lealtad”, “diálogo”. Desde hace tiempo ya, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, va dejando en cada aparición pública, incluso en las privadas, definiciones políticas de cara al futuro, y las formula si apartarse nuca de su estilo de conducción medido pero firme. 
Pero lo hace con la seguridad que brinda la pertenencia a un espacio político, sin las estridencias de quienes deben imponer sus figuras en una desesperada carrera personalista que va anudando acuerdos, que resultan a todas luces efímeros; se presentan como conductores pero miran el destino del país a través del retrovisor y no de frente, hacia adelante.
"En la adversidad forjó su temple, y a ese temple le sumó formación y gestión. El gobernador bonaerense es una rara avis en la política: es un exponente genuino de lealtad".
En las últimas semanas, el escenario preelectoral se fue definiendo y cada actor, de manera casi obvia, fue acomodándose en un lugar predeterminado. 
Por un lado, el proyecto de Sergio Massa se resquebrajó de tal forma que los mayores esfuerzos que hace el ex intendente de Tigre no radican en potenciar sus aspiraciones hacia el sillón de Rivadavia, sino en que el Frente Renovador no le estalle en mil pesados, con intendentes y demás dirigentes que optaron por saltar la cerca y en algunos casos regresar al lugar de origen y en otros, buscarse un nuevo horizonte. 
El massismo cae en las encuestas. Un golpe certero que supo darle, más allá de sus propias limitaciones, el armado electoral nacional del PRO. Aún debe desvelar las noches tigrenses la foto de Mauricio Macri con Carlos Reutemann. 
Macri conformó en torno a su figura una suerte de neoalianza, que exuda olor a noventismo, pero que cuenta con la virtud, para el PRO, de haberle otorgado al alcalde porteño estructura y visibilidad nacional. El radicalismo de Ernesto Sanz y otros arrió las queridas banderas de Alem, Yrigoyen, Illia y Alfonsín para encolumnarse detrás de una suerte de intento de revival neoliberal como el que encarna el flamante PRO-Carrió-radicalismo. Experiencias de amontonamientos de partidos disímiles con fines electorales hay de sobra en la historia argentina; y los resultados fueron siempre caóticos, retardatarios. 
Para quienes entienden que la política es una carrera de 100 metros, todo vale. Lo único que inspira sus actos es la finalidad de llegar al poder, lo que convierte a sus posibles gestiones en una amenaza a la ciudadanía: con tal de permanecer se inclinan ante los poderosos, no cuentan con una base programática que los guíe y son capaces de tirar del mantel en cualquier momento con los costos reales que semejante irresponsabilidad conlleva para el desarrollo del país, y sobre todo para la vida de su gente, en particular de los sectores más vulnerables y postergados. 
La pesadilla de la Alianza delarruista de 1999 lo expresa. Ante el hartazgo de la depredación neoliberal del menemismo, esa combinación de radicales conservadores con progresismo de Frepaso asomó como esperanza en un electorado angustiado por años y años de traiciones. 
El resultado fue trágicamente inolvidable, con un vector en común Domingo Cavallo; un personaje al que la sociedad argentina no debe olvidar ni perdonar y que incluso ahora vuelve a asomar su cabeza con loas al macrismo. 
Un breve repaso. En 1983 Raúl Alfonsín, el padre de la democracia argentina, llegó al gobierno con ideas claras: la recuperación de la institucionalidad en el país, con la Constitución Nacional como bandera y con el juicio a los responsables del terrorismo de Estado. 
Marcó su época y la historia argentina. Cuando su gobierno soportaba los embates de los poderes retrógrados y corporativos, Cavallo salió al mundo a hundir en el escenario internacional aún más la administración de Don Raúl. Fue a obturar créditos. A ahogar al gobierno, y por ende, al conjunto de la sociedad. En paralelo, Carlos Menem caminaba el territorio nacional de norte a sur, en una campaña electoral en la que a cada sector dijo lo que quería escuchar, para luego traicionar, traicionar y traicionar. 
El tándem Menem-Cavallo fueron los promotores de una tragedia social, que fue profundizada por la Alianza y que aún se siente en la Argentina. Así se llegó a 2003 donde de las urnas emergió la esperanza con Néstor Kirchner. 
Lo que se pone en juego en las próximas elecciones no es un proceso a corto plazo. Es si se profundiza lo mejor de estos 12 años, se corrige lo que haya que corregir, o si se tira por la borda todo lo que se ha hecho: la constante del borrón y cuenta nueva. 
En ese sentido, desde el Frente para la Victoria se expresa con mayor claridad qué se quiere para el futuro. Es el único espacio que llegará a las PASO con la madurez de contar con precandidatos surgidos de su propio riñón, sin rejuntes como los detallados más arriba. Y con algo concreto para mostrar y para profundizar. 
En este contexto, Scioli interpreta como nadie el pulso de una sociedad que quiere cambio pero con continuidad: el desafío del desarrollo. Tomar la posta para seguir en el camino del crecimiento. 
Hace 12 años que Scioli es parte central del Frente Para la Victoria y siempre tomó cada uno de sus cargos con la responsabilidad institucional e histórica que demandaba cada situación. 
En la adversidad forjó su temple, y a ese temple le sumó formación y gestión. El gobernador bonaerense es una rara avis en la política: es un exponente genuino de lealtad. 
Nunca anduvo por las embajadas extranjeras denostando al país, ni a sus dirigentes. Y tampoco puso en duda que el futuro está basado en los acuerdos estratégicos que el país selló en los últimos años. 
La meta es importante. Pero llegar a cualquier costo, no. Quizá Scioli lo haya aprendido en sus años de éxitos deportivos y en su firmeza para recuperarse del dolor. 
En la integridad de un ser humano radican también los resultados de sus actos.
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