LA ALEGRÍA PERONISTA

domingo, 19 de julio de 2009

“Mordisquito, ¡a mi no me la vas a contar!”

En busca de respuestas la presidente lleva en su cartera una hoja arrugada, con un fragmento de la segunda charla de Enrique Santos Discépolo del ciclo “Mordisquito, ¡a mi no me la vas a contar!”, de 1951.

En ese programa radial que Discépolo hizo en los últimos meses de su vida, discutía con un imaginario personaje portador de todos los estereotipos de la clase media antiperonista. Ese breve texto dice: “Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado. ¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra?

Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán! Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta. ¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivir sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay té de Ceilán.
Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero..., ¡no hay té de Ceilán!”

Otro texto citado a la hora de las explicaciones es la columna sobre el segundo cordón publicada aquí por el director del INTI, Enrique Martínez.
También para él la derrota kirchnerista es una consecuencia paradojal del crecimiento económico a tasas chinas, del aumento significativo del salario mínimo de activos y pasivos, de la abrupta caída de la desocupación, todo lo cual permitió a gran parte de los argentinos construir perspectivas personales mucho más confiables que pocos años antes.

“Muy pocas de esas personas asociaron esa mejora a decisiones de gobierno. Fue –se creyó su propia capacidad– o una tendencia mundial.”

En ese contexto, dice, la resolución 125, fue percibida como expropiatoria de “la ganancia fácil y exorbitante de toda la producción sojera, que en parte se derramaba en los pueblos por construcción, vehículos nuevos y alto consumo”. De ese modo, el desinterés por la política se convirtió en agresividad sin límites hacia el gobierno.

“En lugar de que se vayan todos fue que se vayan éstos”. Esto explicaría también los resultados “de un conurbano con más clase media y menos pobres que hace seis años, aunque no haya visto nunca un grano de soja”, que se pliegan a la lógica de clase media y media alta, “los que creen que para ellos está todo bien y que los dejen de embromar”.

Claro que Perón ganó las elecciones presidenciales de 1951 con dos tercios de los sufragios, tal vez porque sólo faltaba té de Ceilán y el sobretodo abrigaba bien a pesar de las pelusas.

(Fragmento de la nota de Horacio Verbitsky en Página 12 del 19/07/09).

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